12 abril 2026

#8A - 147 AÑOS: ALTA PRESENCIA PEGAMOS LOS FORMOSEÑOS EN 1879

Por Dany Gómez

La semblanza de Luis Jorge Fontana que reparten en la escuela se queda corta. En nuestra ciudad hay festejos de cumpleaños. El pueblo despliega sus ofrendas de arte, cultura o historia en actos de reconocimiento de lo que nació el 8 de abril de 1879 y su evolución. Pero los homenajes a los próceres, en muchos casos, están manchados por nuestra falta de convicción.
 
Selva del Chaco (Clerice). Lámina 5 del libro El Gran Chaco (Luis Jorge Fontana, Buenos Aires, 1881).
 
El vapor aviso El Resguardo soltó anclas y activó amarras para el desembarco de constructores de civilización en esta naturaleza al acecho. El Mayor Luis Jorge Fontana era el comandante del éxodo de los desalojados de Villa Occidental. Fueron los primeros pobladores de Formosa.
 
Temporal en la ciudad (Dany Gómez). Vista desde la playita de Alberdi.
 
Montes, palmares y espartillares interrumpidos por zanjones, riachos, esteros interminables, lagunas, pantanos más las temporadas de inundaciones y sequías eran el lienzo de una naturaleza tan bella como asesina. Calorazos espantosos, heladas y lluvias interminables era el aporte del cielo al habitat de una fauna depredadora, venenosa, hambrienta. El monte, los pastizales y camalotales tenían ojos. No sabemos y no podemos siquiera imaginar lo que superaron estos primeros habitantes y no sé si podemos aproximarnos a la comprensión de sus motivaciones para quedarse por acá. El Jurassic Park que vende Hollywood es menos peligroso que Formosa en 1879. La muerte era el cazador.

El cumpleaños N.º 1 de Formosa sacó a los pobladores de sus ranchos. Pero no fue para festejar. Ese día de 1880 hubo un fiero piquete de protesta. Los pocos pobladores estaban padeciendo hambre, enfermedades y otros tormentos. La desesperación los tenía dominados. Intentaron asaltar la comisaría y tener así algo de alimento. Todo mal.

El éxodo de Villa Occidental hacia estas barrancas fue aceitado por las promesas de ayuda del Gobierno para desarrollar la agricultura, la ganadería y lo que podía producirse en estas tierras. Pero los habitantes fueron abandonados por el gobierno nacional. Pasaron cuatro meses caóticos hasta que el presidente Nicolás Avellaneda mandó a distribuir víveres.
 
Busto de Luis Jorge Fontana, emplazado en la Plaza de Armas de la Prefectura Naval.
 
Frente a eso hay algunos destinatarios de ofrendas impuestas que jamás van a compartir el podio bien merecido por Fontana y los Valientes. Lamentablemente el tiempo y esos raros caprichos del destino y la historia lograron instalar en nuestra memoria nombres que persisten pero que valen menos que la sombra de cualquier pionero que sufrió lo indecible en un refugio llamado Formosa.

Olvidamos fácilmente a quienes se jugaron con alma y sangre para intentar vivir con proyectos en este intenso paisaje. Muchos murieron atropellados por la naturaleza. Deberíamos darles más lugar a quienes nos precedieron. Uno para recordar con una fiesta es Luis Jorge. Y, por supuesto, tiene su monumento en la ciudad de Formosa.
 

El busto del fundador está emplazado en la reducida plaza de armas de la Prefectura local que, además, es una playa de estacionamiento. No es muy accesible para el visitante. Quienes hayan gestionado eso tendrán sus buenas razones históricas o culturales. Está de espaldas a la ciudad con la cabeza hacia el nor-noreste. Luis Jorge puso el lomo y desembarcó de El Resguardo, subió la barranca conocida como El Altillo, miró hacia el horizonte de este algo regado por la vuelta Fermosa y firmó la partida de nacimiento de nuestra Patria Chica en este abracadabrante lugar. La ciudad de Formosa hoy no es un pueblo o aldea; es una ciudad de más de 270 mil habitantes y capital estratégica de una provincia argentina.
 
Plaza de armas de la Prefectura (Google Earth). Es un rectángulo de 10 metros de ancho por 40 metros de largo. El monumento es un cuadrado de 4 metros de lado y está a menos de 4 metros del límite frontal del playón. A la izquierda y a la derecha hay unos 2 metros hasta los límites del playón.
 
Un barrio que no fue céntrico en sus inicios lleva su nombre. También hay una calle de dos kilómetros. La plaza San Martín se llamaba 8 de Abril. Pero falta la intensidad que debe tener un homenaje a las personas y sus acciones que arrancaron todo esto. Lo que se dice y escribe, lo que se recita y se canta, debería llevarnos a la vuelta Fermosa en 1879. Debemos contar a los niños —como si nos contáramos a nosotros mismos— estas historias con sus episodios de extremo sacrificio humano. Con palabra sencillas, sin apologías ni falsificaciones.
 
Plaza de armas de la Prefectura Naval con el monumento a Fontana.
 
No nos hagan escribir o memorizar poemas que no pasan de ser un laberinto descriptivo y redundante de recuerdos falsificados, creyendo que son metáforas. Esas líneas de texto son una colección de adjetivos y rimas forzadas ingenuas y escolares. Y no faltan aquellos que derrochan loas a los montes con robles y manzanos; con gacelas y jilgueros en concierto con el viento Zonda dando la bienvenida a los primeros pobladores con un despliegue de canto coral de la naturaleza. A eso agregale los delfines que guiaron al barco El Resguardo hasta la Vuelta Fermosa. Estos delirios formobicheños sorprenden cada vez menos.

¿Identidad, identitario, identificación? El paso del tiempo agiganta la confusión y el olvido alimenta la ignorancia. Nos da lo mismo Formosa, Fermosa, Fermoza e incluso Formoza. Y las intenciones poéticas en honor al fundador desaparecen antes del arranque porque no sabemos si dedicarlas a Jorge Luis, Luis Jorge o José Luis Fontana. Y aunque los papeles dicen que todo arrancó el 8 de abril, el propio comandante dijo que fue el 28 de marzo. Mejor no escribamos nada. Dejemos una ofrenda floral en la estatua del fundador. Y allá vamos a cantar nuestra letanía identitaria frente al monumento de Fontana, ese que muchos creen que es la estatua que está en la explanada del Puerto, que no es otro que el homenaje a los europeos Caboto, Ayolas o Irala, que pasaron por acá más de 300 años de la fundación de Formosa. Uno de ellos bautizó a esta curva-sifón del río como Vuelta Fermosa.

Fontana no es un simple militar que, repentinamente, quedó encandilado por la vuelta Fermosa. No es un cándido firmante del acta de fundación de un asentamiento en un lugar extravagante. Este tipo no es un llano obediente ejecutor de órdenes presidenciales. Es mucho más que eso… mucho más, en serio.

Formosa City hoy


Tenemos electricidad, agua corriente, internet, pavimento, asfalto, autovías, hospitales, escuelas… Pero nos molestan las moscas, los mosquitos, los jejenes. Una sola viudita tiene la perseverancia suficiente como para enloquecer al más baqueano. Las cucarachas no paran nunca. Sin previo aviso tres o cuatro hormigas nos pican los pies ¡Un hormiguero se formó de la nada! Avispas, abejas, arañas de todo tamaño y variedad están entre nosotros. Tu living, dormitorio o baño sin vigilancia tiene telarañas que ayer no estaban. Pequeños reptiles viviendo en tu casa pasean como si nada por las paredes y no faltan ratas. Seguramente son el lagarto Juancho, la iguana Juana y el ratón Pérez. Y si te metés a cualquiera de las aguas que nos rodean, hay posibilidades de que las pirañas te dejen un dedo pelado con hueso expuesto. Una serpiente podría estar escondida en tu patio y de vez en cuando aparece un yacaré en la costanera y en tu alcoba también.

¿Qué imagen tenemos de la vida de una familia austríaca en su rancho en Formosa en 1879?

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