21 agosto 2026

NOTA DE TAPA N.º 615 / LA MÚSICA EN CLAVE COMUNITARIA

De los talleres al barrio, nuevos escenarios de la cultura


La producción artística pública de Formosa comenzó a trazar un nuevo mapa de circulación con el inicio de Sonidos Comunitarios, un ciclo impulsado por la Subsecretaría de Cultura que propone descentralizar la formación musical y llevar a los barrios el trabajo que, de forma cotidiana y gratuita, se cocina puertas adentro de los talleres culturales para así transformar los espacios comunitarios en escenarios de encuentro, participación y formación de públicos.
 
 
Hay una diferencia importante entre llevar un espectáculo a un barrio y hacer que el barrio forme parte de un proceso cultural. En esa diferencia parece estar una de las claves de Sonidos Comunitarios que tuvo su puntapié inicial el sábado 15 de agosto en el Centro Comunitario del barrio La Nueva Formosa. Allí, una tarde de acceso libre convocó a vecinos, familias y estudiantes en torno a la música y reunió a los talleres de arpa Formar Arpegios; de guitarra Acordes Formoseños, y de canto Formosa yo te canto, junto con la participación especial de Qomllalec y Pombú. La propuesta contempla cuatro ediciones mensuales, con distintos talleres en cada jornada. De esta manera, los 12 espacios de formación musical de la Subsecretaría de Cultura podrán compartir progresivamente el trabajo que desarrollan durante el año.
 
 
Para quienes aprenden un instrumento o se forman en canto, presentarse ante un público es mucho más que una muestra. El paso del espacio de ensayo al escenario modifica la experiencia de aprendizaje: obliga a escuchar de otra manera, a asumir responsabilidades, a trabajar colectivamente y a enfrentarse a esa mezcla de nervios y entusiasmo que aparece cuando aquello que se practicó durante meses finalmente se comparte. La técnica, entonces, encuentra una dimensión nueva en el encuentro con otros. El estudiante deja de ser solo quien aprende para convertirse también en intérprete y protagonista de una experiencia cultural. Y allí aparece otro aspecto central: la formación de públicos. Y para los vecinos que se acercan, especialmente niños, niñas y jóvenes, el encuentro puede ser también una primera aproximación a un instrumento, a una disciplina artística o a un espacio de formación que hasta ese momento desconocían.

El barrio, un escenario


El Centro Comunitario de La Nueva Formosa funciona, en paralelo, como espacio de desarrollo de otras propuestas artísticas. Allí se dictan talleres de percusión y zapateo, a cargo de Freddy Yahari; danzas clásicas, con Marianela Vera; y producción musical, a cargo de Nicolás Saavedra. La existencia de esta diversidad permite pensar al centro comunitario como algo más que un lugar donde se brindan servicios o actividades. Puede convertirse en un nodo cultural: un espacio donde se aprende, se produce, se ensaya, se comparte y se construyen vínculos alrededor del arte.
 
 
Esa mirada resulta particularmente significativa cuando se habla de descentralización cultural. No toda la vida artística de una ciudad tiene por qué concentrarse en sus teatros, centros culturales o espacios tradicionalmente reconocidos como escenarios. También puede suceder en un barrio, en una plaza, en una escuela o en un centro comunitario. Cuando esos lugares se abren a la producción artística, el territorio adquiere otra dimensión: el barrio deja de ser solamente el lugar donde transcurre la vida cotidiana para convertirse también en productor y protagonista de cultura.

La música como pertenencia


También hay una dimensión identitaria en la propuesta. No es menor que los talleres se llamen Acordes Formoseños o Formosa yo te canto, ni que artistas locales participen como invitados. Los nombres, los repertorios, las experiencias y las personas que participan van construyendo una determinada manera de narrar el territorio. La cultura no se limita a conservar una identidad ya definida. También la produce y la transforma permanentemente. Por eso, cuando los talleres llevan su trabajo a los barrios, no solamente muestran lo que aprendieron. Ponen en circulación formas de mirar, escuchar y representar a Formosa. Y ese proceso adquiere mayor fuerza cuando se desarrolla en espacios donde la comunidad puede reconocerse como parte de la experiencia.
 
 
Uno de los mayores valores de Sonidos Comunitarios está en que propone hacer circular procesos culturales y no solo productos terminados. No se trata de contratar un espectáculo para que llegue al barrio durante una tarde. Se trata de mostrar qué ocurre durante todo el año en los talleres: las horas de práctica, la formación, el vínculo entre docentes y estudiantes, el aprendizaje de un instrumento, el descubrimiento de una voz y la construcción colectiva de una presentación. Cada encuentro funciona como una pequeña ventana hacia un proceso mucho más amplio. La música que llega al escenario comunitario es apenas la parte visible de algo que sucede mucho antes y que continúa después.
 
 
Hay, finalmente, una cuestión que atraviesa toda la propuesta: el lugar de las comunidades en la vida cultural. Una política cultural puede pensar a los barrios como destinatarios de actividades. Otra puede pensarlos como territorios donde existen capacidades, saberes, artistas, estudiantes y públicos capaces de producir cultura. Sonidos Comunitarios camina en esa segunda dirección. Porque cuando los talleres salen de sus espacios habituales, cuando los estudiantes ocupan un escenario cercano, cuando los vecinos se acercan y cuando los artistas dialogan con quienes están comenzando su recorrido, se genera algo que excede a una presentación musical. Se construye comunidad.

Una política cultural que se construye en territorio


La propuesta de Sonidos Comunitarios también permite volver sobre una discusión más amplia acerca del acceso a la cultura. La gratuidad es, en este sentido, una condición importante, pero no alcanza por sí sola para explicar el valor de la iniciativa. El desafío consiste también en acercar las posibilidades de formación y participación a quienes quizás no tienen contacto habitual con los circuitos culturales tradicionales.
 
 
Desde la organización se remarcó que los talleres son libres, gratuitos e inclusivos y que uno de los objetivos de Sonidos Comunitarios es que la comunidad conozca esas propuestas y pueda acercarse a ellas. Así, el acceso a la cultura aparece no solamente como posibilidad de asistir a un espectáculo, sino como derecho a aprender, crear, participar y desarrollar capacidades artísticas.
 
 
La directora de Acción Cultural, Graciela Marechal, a cargo de la Subsecretaría de Cultura, destacó precisamente el propósito de que los talleres salgan a recorrer los barrios y valoró el acompañamiento del Ministerio de la Comunidad para concretar esta primera etapa. También planteó una definición política sobre el lugar de la cultura al señalar que, frente al desfinanciamiento nacional, “en Formosa seguimos el camino contrario, bajo la concepción de que la cultura es un derecho”. Más allá de la discusión institucional, esa afirmación permite leer el ciclo desde una perspectiva cultural concreta: ¿qué significa garantizar el acceso a la cultura? En parte, significa que una niña pueda acercarse a un instrumento, que un joven encuentre un espacio de creación, que un estudiante tenga dónde mostrar lo que aprendió y que una familia pueda participar de una actividad artística sin que el costo sea una barrera.
 


GABY PASTOR Y CARLOS CANO EN EL UNIVERSO DE MORIA

Dos formoseños en la biopic más comentada de la temporada

 
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Hay historias que, al desembarcar en el catálogo global de streaming, cobran una dimensión difícil de medir desde los escenarios donde se gestaron. La llegada de la serie biográfica Moria a la pantalla de Netflix no solo reconstruye la figura de una de las personalidades más complejas e hiperbólicas del espectáculo argentino; también expone las grietas por donde el talento de las provincias logra filtrarse en los grandes relatos de la industria nacional. En ese mapa de luces, excesos y teatralidad, la presencia de dos artistas formoseños en el elenco adquiere un peso que excede la mera anécdota: se trata de la actriz Gaby Pastor y el actor Carlos Cano.
 
Gaby Pastor es la abogada paraguaya de Moria, mientras estuvo en prisión.
 

Estrenada el 14 de agosto, la producción dirigida por Javier Van de Couter recorre distintas etapas de la vida de La One, interpretada por tres actrices: Sofía Gala Castiglione, Griselda Siciliani y Cecilia Roth. La serie se construye como una biografía atravesada por la propia voz y presencia de Moria, y recupera algunos de los episodios, personajes y momentos que forman parte de su extensa trayectoria artística. Lejos de la biografía edulcorada o tradicional, la ficción funciona como una construcción atravesada por la propia voz y mito de su protagonista. Y es en ese entramado de caricaturas, estrellas y momentos icónicos del espectáculo nacional donde la provincia de Formosa encuentra dos puntos de contacto concretos.
 
Carlos Cano es el psicólogo a quien Moria bautizó como María Aurelio.
 
Uno de los pasajes que más resonó es la aparición de Carlos Cano, conocido artísticamente como Litokr. Cano encarna a María Aurelio, el psicólogo que visita a Moria durante su reclusión en la cárcel del Buen Pastor, en Paraguay. En la escena —un intercambio filoso y lleno de matices junto a la Moria de Cecilia Roth— el nombre del personaje responde a la particular manera en que Moria habría bautizado al profesional dentro de su relato, convirtiendo el encuentro en una escena que combina humor, provocación y el registro absolutamente personal con el que la serie aborda a su protagonista.

El logro no es casualidad ni producto del azar. Cano suma esta participación a un recorrido audiovisual consolidado que ya registra pasos por producciones de alto perfil nacional como El Marginal, Santa Evita e Historias de un clan, además de una vasta trayectoria en el teatro y cine independiente. Que un actor formado en el circuito regional comparta cuadro y ritmo dramático con una figura de la talla de Roth confirma el nivel de madurez técnica que manejan los intérpretes de nuestra zona.

Gaby Pastor y el tramo paraguayo de la diva


Gaby Pastor, además de actriz es bailarina contemporánea, dramaturga, docente, couch actoral. En Moria asume el rol de una abogada paraguaya en uno de los momentos más mediáticos y complejos de la vida de la diva: su detención en Asunción durante 2015, en la causa judicial por joyas robadas. No es un dato menor dentro de la serie.
 
 
La propia Gaby Pastor anunció públicamente su participación en la serie y destacó el vínculo con la historia paraguaya que aparece en la producción. Su presencia, al igual que la de Cano, permite volver la mirada hacia una cuestión que muchas veces queda escondida detrás de las grandes producciones: los actores que hacen posible esos mundos narrativos también provienen de escenas teatrales y audiovisuales diversas, muchas veces construidas lejos de Buenos Aires.

La aparición de Cano y Pastor en una serie de alcance internacional excede el entusiasmo de la anécdota local o el orgullo del conocido en pantalla. Para una escena cultural como la formoseña, donde buena parte de los artistas construye sus trayectorias desde circuitos independientes, teatros, talleres, producciones autogestivas y proyectos locales, que dos actores de la provincia integren una serie estrenada globalmente marca un indicador claro de circulación de talentos y profesionalización de los artistas formoseños.
 
 
Detrás de esos minutos en streaming no hay suerte: hay trayectorias, formación, castings de alta exigencia, viajes, ensayos y años de trabajo. La pantalla de Netflix funciona, en este caso, como una vidriera de enorme alcance y también permite pensar la relación entre las escenas culturales locales y las grandes producciones audiovisuales. Los artistas no necesariamente deben abandonar su identidad de origen para formar parte e integrarse a la industria mainstream: por el contrario, sus recorridos pueden conectar distintos territorios y circuitos.

Es por ello que la participación de Gaby y Litokr merece ser mirada como parte de una historia más amplia: la de los artistas formoseños que, desde distintos lenguajes y recorridos, continúan ampliando los límites de dónde puede llegar una producción nacida de una trayectoria local. Esta vez, el escenario es Netflix. Y entre las figuras de Moria, también hay dos nombres que llevan a Formosa hasta la pantalla.

CUANDO JAVIER VAN DE COUTER ESTUVO EN FORMOSA

Pequeña historia dentro de la historia

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Javier Van de Couter, el director y creador de la ya exitosa serie Moria, visitó Formosa junto al actor formoseño Carlos Cano mucho antes de llegar a Netflix. Fue en mayo de 2012 cuando estuvo en la ciudad para presentar Mía, su primera película, en el Espacio INCAA del Cine-Teatro Italia, y fue entrevistado por Día Seis. Por entonces, Van de Couter era un joven realizador que llegaba al largometraje después de haber transitado el teatro, la escritura y experiencias de cortometrajes con amigos. Su guión había obtenido un premio en el Festival de Cine de La Habana, reconocimiento que le permitió concretar aquella ópera prima.
 
Javier Van de Couter y Carlos Cano en el Hotel de Turismo. Formosa, 14 de mayo de 2012.
 
Mía estaba protagonizada por Camila Sosa Villada y recuperaba, desde la ficción, la historia de la Aldea Rosa, un asentamiento surgido en Buenos Aires a mediados de los 90 como respuesta a declaraciones del entonces arzobispo Antonio Quarracino sobre la posibilidad de crear un ghetto para gays, lesbianas y transexuales. En esta película también está Cano; se trataba de su primera participación en un largometraje, después de una trayectoria principalmente vinculada al teatro y a distintos cortometrajes.

Aquel encuentro de 2012 puede leerse hoy con otra perspectiva. Van de Couter todavía no había construido la trayectoria que lo llevaría, años después, a dirigir una serie sobre Moria Casán para Netflix; y Cano transitaba sus primeros pasos en el cine. Catorce años más tarde, los caminos vuelven a cruzarse en una producción de alcance internacional. Esta vez, Cano no está en una ópera prima proyectada en el Cine Italia, sino en una serie estrenada globalmente, y compartiendo escena junto a una actriz de la dimensión de Cecilia Roth. Y aquel joven director que llegó a Formosa para presentar Mía es ahora quien está detrás de Moria, la serie que es hoy una de las más vistas del mundo. Hay, entonces, una pequeña historia dentro de la historia: la de un vínculo artístico que comenzó en una película independiente, pasó por Formosa y vuelve a encontrarse en una producción de Netflix.

DEZERO Y UNA CELEBRACIÓN EN EL TEATRO DE LA CIUDAD

Diez años haciendo de la danza un territorio para la formación y el encuentro


La academia de danzas DeZero celebra una década de trabajo ininterrumpido en la escena provincial y lo festejará con una gala aniversario el 23 de agosto, a las 20 horas, en el Teatro de la Ciudad. Desde 2016, bajo la dirección de la bailarina y docente Mariana Elizabeth Mendoza, el proyecto consolidó una propuesta donde la enseñanza corporal no se agota en la técnica: funciona también como un espacio de contención, transmisión intergeneracional y construcción de soberanía artística desde el ámbito independiente.
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La génesis de DeZero se remonta a la infancia de su fundadora, cuando la mirada atenta frente a la pantalla chica disparó el deseo de transformar el movimiento en una disciplina de vida. Sin embargo, la brecha entre la vocación y la concreción de un espacio propio demandó un recorrido atravesado por el esfuerzo pedagógico y la autogestión. Los primeros pasos de la academia se dieron en condiciones mínimas: un patio prestado, apenas 4 alumnas y el rigor de una formación docente en pleno proceso. La primera gala fue en el mismo escenario del Teatro de la Ciudad que hoy vuelve a cobijarlas para celebrar 10 años de permanencia.
 

El crecimiento demandó adaptar la infraestructura. La reconversión de un antiguo taller mecánico en un espacio acondicionado con murales, pisos aptos y estética propia marcó una etapa de consolidación que duró cuatro años, hasta que el impacto de la pandemia de 2020 obligó a mudar la enseñanza a la virtualidad. La posterior salida de ese espacio y la reubicación en un salón más reducido pusieron a prueba la resiliencia del proyecto: una demostración práctica de la identidad que evoca su propio nombre, donde “empezar de cero” funciona como un método de perseverancia antes que como una carencia.

La pedagogía del acompañamiento


El concepto formativo de DeZero se sostiene en el seguimiento a largo plazo. Mendoza concibe a las ingresantes —algunas de apenas 2 años de edad— como semillas en proceso de desarrollo. El valor de estos 10 años no se mide únicamente en la precisión del montaje coreográfico, sino en la observación de trayectorias completas: niñas que realizaron allí sus primeras herramientas corporales y que hoy habitan los escenarios como intérpretes formadas. Esta perspectiva articula la contención afectiva con la exigencia técnica, proponiendo la enseñanza como un vínculo de escucha y acompañamiento continuo donde el espacio de clase funciona como un segundo hogar.
 
 
La solidez pedagógica de DeZero radica en la trayectoria de su directora. Mariana Elizabeth Mendoza integra una formación académica diversa con el trabajo de campo en escenarios nacionales e internacionales. Es maestra en Danzas Folclóricas Argentinas (Centro Polivalente de Arte), licenciada en Folklore con mención en Danzas Folclóricas y Tango (Universidad Nacional del Arte) y profesora de Danzas con orientación en Danza Contemporánea (ISPAF).

En su recorrido artístico, integró elencos en giras por Paraguay, Venezuela y Brasil; fue finalista del Pre Cosquín 2012 (Pareja de Danza Estilizada) y subcampeona en el Festival de la Sierra. Obtuvo menciones y premios en el Festival Nacional del Malambo de Laborde; como preparadora, coreógrafa y jurado en certámenes como los Premios Chúcaro, el Campeonato Femenino de Malambo y competencias del Consejo Paraguayo de la Danza. Y actualmente es docente en el área de Danza Clásica y Contemporánea del Centro Polivalente de Arte de Formosa y directora general de DeZero Danza.
 
 
Celebrar diez años implica evaluar cómo una iniciativa independiente logra asentarse en la trama cultural de la provincia. DeZero no solo ha formado bailarinas; ha generado públicos, habitado salas teatrales y construido una comunidad alrededor del lenguaje del cuerpo. La gala en el Teatro de la Ciudad cierra un ciclo de 10 años regresando al mismo punto de partida. Para la escena formoseña, el acontecimiento da cuenta de la maduración de los espacios de formación privada y autogestiva, demostrando que detrás de cada función hay años de pedagogía, estudio y una elección sostenida por la danza.

BLOODY TANGO CON NOELIA MARZOL

Bajo la producción de Grupo Mozart, Noelia Marzol llega a Formosa con Bloody Tango, espectáculo escénico-musical que se presentará el 6 de septiembre, a las en el Teatro de la Ciudad.
 
 
ENTRADAS
Grupo Mozart: España 415. Lunes a jueves de 16.30 a 21. Viernes de 18 a 20

Exitosas temporadas en Calle Corrientes y Mar del Platas los hicieron merecedores del Premio Estrella de Mar 2026 a la mejor compañía de danza. Bloody Tango —creado, producido y protagonizado por Noelia Marzol— comienza una gira nacional. Bajo la dirección de María Laura Cattalini, en este show 100% tanguero bailan Noelia Marzol y Jonathan Lazarte, secundados por bailarines campeones de tango: Hernán David López, Julia Urruty, Walter Barrios, Camila Pina, Camila Ayelén Luna, Juan Pablo Bulich, Florencia Campo, Héctor Ulises Garcia e Iván Vivas. Se destaca la participación de la cantante Ana Devin, en una propuesta escénica de nivel internacional.
 
 
El espectáculo es una fusión de arte, sensualidad y virtuosismo. Diversos personajes atraviesan una experiencia intensa dentro de un hotel en el que cada habitación despierta tentaciones, oscuridad y deseo. Los espectadores, convertidos en voyeristas, serán testigos de un libertinaje sensorial que los atrapará por completo. Se trata de una gran apuesta artística de Marzol, quien viene soñando hace años y trabajando con mucho empeño. Principalmente, es un show que tiene que ver con la pasión, la entrega y el amor, todo unido entre la danza y la música, en este caso el tango tradicional y moderno con un gran despliegue de vestuario y un diseño escénico deslumbrante.

19 agosto 2026

MARISA SOLEDAD CENTURIÓN: 19 AÑOS ENSEÑANDO INGLÉS EN EL CHORRO

Salir de la zona de confort para crecer

 
Por María Alejandra Mareco 
Entrevista con Marisa Soledad Centurión
Profesora de inglés en El Chorro, Formosa (Argentina)
Publicado en el suplemento My English Spot
Diario Formosa, 19 de agosto de 2026

El Chorro, 500 km al noroeste de la ciudad de Formosa, en el extremo Oeste de la provincia, es el lugar elegido por Marisa Soledad para dar clases de inglés. Una llanura semiárida fabricada por el río Pilcomayo, colmada de horizonte, con la fuerza suficiente para volver poeta al observador más frío que podamos imaginar. Allí está la teacher Centurión, donde lo árido no es impedimento para sembrar conocimiento en jovencitos criollos y wichís...
 

 
—¿Cuándo comenzaste a trabajar como profesora de inglés en El Chorro y en qué instituciones enseñás?
—Mi nombre es Marisa Soledad Centurión. Me recibí en el 2007de Profesora de Inglés en el ISFD Félix Cabrera. Y en el año 2008 vine a trabajar en el Chorro. Actualmente trabajo en la comunidad criolla, en la EPES N.º 100 de modalidad común, y en la comunidad wichí, en la EPES EIB N.º 11, escuela intercultural bilingüe. Hace 19 años que estoy trabajando en esta zona.

—¿Cómo fue la experiencia de comenzar a enseñar en el oeste formoseño y en una comunidad wichi?
—Trabajar en el oeste Formoseño es una experiencia nada fácil, sobre todo en los primeros tiempos. Tuve que aprender mucho sobre las costumbres, la cultura de la comunidad wichí, —sobre todo— y entender que para ellos es la tercera lengua de aprendizaje, por lo que tuve que implementar estrategias mucho más contextualizadas, adaptadas al nivel de los alumnos. Y fue una experiencia enriquecedora. Por ese lado, aprendí mucho de ellos y espero que ellos también hayan aprendido mucho de mí, pero les una experiencia que no se ve en todos lados. La diferencia es que los chicos criollos son más conversadores y más activos en el aula. Sin embargo los wichís son más calladitos, no se animan a preguntarte si no entienden y tenés que ser más activa en la clase, recorrer los bancos preguntarles uno por uno si entendieron. Y muchas veces ellos necesitan una enseñanza más personalizada.
 
 
—¿Qué significa para vos enseñar inglés en este contexto y cómo responden tus alumnos?
—Me gusta, me gusta mucho enseñar inglés y yo veo que los chicos se entusiasman con el aprendizaje de un idioma extranjero. Si bien se vuelve difícil con la poca conectividad que tenemos. No hay muchas estrategias que pueda implementar con las nuevas tecnologías, pero se hace lo que se puede y veo que a mis alumnos se entusiasman, y eso ya me llena de orgullo.
 
 
—Después de 19 años, ¿qué es lo que más te enorgullece de tu recorrido como docente?
—Me llena de orgullo que después de 19 años haya alumnos, tanto wichís como criollos, que te cruzan por la calle y te saludan, te recuerdan con cariño, y tener ahora a hijos de mis alumnos aprendiendo conmigo. Eso es algo que me enriquece y me enorgullece.
 

—¿Qué les dirías a los jóvenes profesores de inglés sobre trabajar en el oeste formoseño?
—Les diría que se animen. Que intenten salir de su lugar de confort. Que no se desanimen si no hay trabajo en el lugar donde viven. Que con un poco de sacrificio y ganas de trabajar, todo se logra. Y que el objetivo siempre sea conseguir una mejor calidad de vida.A pesar del buen salario, al principio cuesta empezar una nueva vida, pero a lo largo del tiempo todo se va acomodando, sin pasar por encima de otras personas.

14 agosto 2026

NOTA DE TAPA N.º 614 / UN MISMO RÍO: TRES TERRITORIOS, TRES GRUPOS VOCALES

Cuando las voces encuentran su cauce con el canto compartido


Cuando la música vocal encuentra su cauce, las fronteras provinciales se desdibujan para darle paso a un lenguaje único: el del canto compartido. Bajo esa premisa nació Un Mismo Río, una propuesta que durante dos noches transformará a Formosa en el epicentro de la armonía, la memoria sonora y el encuentro fraterno con la presentación de los grupos vocales Son del Río, de Formosa; Enarmonía, de Posadas (Misiones) y Confluencia, de La Plata. La propuesta se desarrollará durante dos jornadas, el 14 y 15 de agosto, con entrada libre y gratuita.
 
 
En la música vocal colectiva cada voz conserva su identidad, pero encuentra su sentido más profundo cuando se escucha junto a otras. Por eso, más que un concierto, el encuentro propone un recorrido por distintas maneras de entender y habitar la música vocal argentina. Son tres territorios, tres historias y tres trayectorias que confluyen en una misma experiencia artística, sostenida por el canto colectivo.
 
Son del Río (Formosa, ciudad): Romyna Barrionuevo, Javier Pelosi, Santiago Marín y Yanina Godoy
 
Organizado y gestionado de manera independiente por Son del Río, este encuentro busca mucho más que ofrecer un par de conciertos: propone encender la llama de la divulgación. La música vocal argentina —heredera de grandes conjuntos que marcaron época en América Latina— sigue encontrando en estas formaciones una expresión viva, contemporánea y necesaria.
 
Confluencia (La Plata, Buenos Aires): Carlos García, Germán Scazzola, Daniel Diulio, Hernán Gómez, Luis Eijo
 
Un Mismo Río es el segundo encuentro del Ciclo de Música Vocal Encuentro de Tres, una iniciativa que busca llevar este concierto a las tres provincias representadas por sus protagonistas. La idea de circulación es central en el proyecto: que las agrupaciones puedan encontrarse en sus propios territorios, compartir sus repertorios y generar nuevos vínculos entre músicos y públicos. Después de la primera experiencia, ahora es el turno de Formosa de convertirse en punto de encuentro.
 
Enarmonía (Posadas, Misiones): Darío Luli Verón, Julio, Roberto Bobadilla y Héctor Toly Dopazo
 
El nombre de la propuesta funciona también como una metáfora de esa búsqueda. Como los afluentes que llegan desde diferentes lugares para formar un mismo cauce, las voces conservan sus particularidades pero se encuentran en un territorio común: la música. Y en Formosa, donde el río forma parte de la geografía y de la identidad, la imagen adquiere una resonancia especial.

Una noche de ensayo abierto


La primera jornada tendrá un formato diferente al de un concierto tradicional. Hoy 14 de agosto, a las 21, la Casa de la Artesanía será escenario de un ensayo abierto, con entrada libre y gratuita, con la idea de generar un espacio más cercano e íntimo, donde la música pueda convivir con la conversación, las historias y el intercambio entre artistas.

Habrá canciones de aquí y de allá, charlas sobre los recorridos de cada grupo y momentos compartidos entre los músicos visitantes y artistas formoseños de diferentes estilos, que también tendrán la posibilidad de sumar su voz y su arte a la experiencia.

El ensayo abierto propone, así, correr por un momento las fronteras entre escenario y público. No se trata solo de observar cómo se prepara un espectáculo, sino de participar de ese proceso de encuentro que constituye una parte fundamental de la experiencia musical.

Gran encuentro en el Galpón C


El momento central llegará el sábado 15 de agosto, a partir de las 21, en el Galpón C del Paseo Costanero, también con entrada libre y gratuita. Allí, Son del Río, Enarmonía y Confluencia presentarán sus trabajos y trayectorias dentro de la música vocal argentina, desplegando un repertorio amplio que permitirá reconocer las búsquedas, estilos e identidades particulares de cada agrupación.

La diversidad será precisamente uno de los atractivos de la propuesta. Cada grupo llega con su propia historia y una manera particular de abordar las voces, los arreglos y el repertorio, pero los tres comparten la elección de la música vocal como territorio de creación y encuentro. El resultado será una noche en la que las armonías funcionarán como punto de conexión entre diferentes geografías y experiencias.

Durante dos noches la capital será el punto donde confluyan tres experiencias. Una ciudad atravesada por el río recibirá a músicos de La Plata, Posadas y la propia Formosa para demostrar que las distancias geográficas pueden transformarse en cercanía cuando existe una canción capaz de reunirlas. Un Mismo Río propone justamente eso: que cada voz llegue con su historia, su paisaje y su identidad, pero que al encontrarse pueda formar parte de algo mayor. Dos noches para escuchar, compartir y descubrir que, a veces, la música encuentra su forma más poderosa cuando deja de ser una voz solitaria y se convierte en un mismo río de voces.
 

Mantener viva la música vocal


La iniciativa, organizada por Son del Río, busca también poner en circulación y dar mayor visibilidad a la música vocal argentina, una tradición que ha dado algunas de las expresiones más ricas y singulares del folklore argentino y latinoamericano.

En un contexto donde las propuestas musicales suelen estar atravesadas por la tecnología y las producciones individuales, el canto colectivo conserva una particular potencia: varias personas respirando, escuchando y construyendo juntas una misma obra. Allí reside buena parte del espíritu de Un Mismo Río. 

La armonía no aparece solamente como una cuestión musical, sino como una forma de vincularse. Escuchar al otro, encontrar el propio lugar dentro de un conjunto, respetar los silencios y construir una voz común. Por eso, el encuentro excede la presentación de tres agrupaciones. Es también una celebración de los caminos que cada grupo recorrió para llegar hasta aquí y de las amistades que pueden surgir cuando la música se convierte en territorio compartido.