13 abril 2026

¿POR QUÉ FONTANA ELIGIÓ LA VUELTA FERMOSA?

Estrategia y paisaje: El destino escrito en el río

 
Por Rocío Chavez

La Vuelta Formosa es el punto de origen geográfico y simbólico de la identidad de la región. Su historia arranca más de 300 años antes de la llegada del comandante Jorge Luis Fontana, vinculándose con la era de la exploración colonial en el Río de la Plata y el Paraguay.

 
Desde el siglo XVI, exploradores y navegantes españoles comenzaron a internarse en la cuenca del durante la época colonial. Estos viajes formaban parte del proceso de expansión del Imperio español en territorios que hoy corresponden a Argentina, Paraguay y otras regiones cercanas.

La curva pronunciada del río Paraguay, en la zona donde hoy se asienta la ciudad de Formosa, llamó la atención de los navegantes por la amplitud y calma de sus aguas, la vegetación exuberante del entorno y la forma particular del recodo del río.

Durante siglos, la zona fue territorio habitado por pueblos originarios, con escasa presencia permanente europea. En el siglo XIX, el Estado argentino comenzó a consolidar su presencia en la región mediante fortines, como el Fortín Formoso, en el marco de la organización territorial. Finalmente, en 1879 se fundó oficialmente la ciudad de Formosa, tomando su nombre de esa referencia geográfica e histórica.

Aunque no hay un único “descubridor” registrado con exclusividad, se atribuye el bautismo del lugar a los navegantes españoles que remontaban el río Paraguay hacia Asunción. La Vuelta Fermosa aparece mencionada en cartografía y relatos de viajes de la época de Pedro de Mendoza y Juan de Ayolas (alrededor de 1536-1537). Para ellos, era un punto de referencia náutico crucial antes de llegar a la actual capital paraguaya.
 
Sebastián Caboto, Juan de Ayolas y Domingo Martínez de Irala.
 
Las primeras menciones a este recodo del río se cree surgen en 1528. Sebastián Gaboto, el primer europeo en remontar el río Paraguay, pudo haber sido quien notó la particularidad de la curva.
Al navegar por el río, los exploradores se encontraban con la curva muy pronunciada y extensa (un meandro). Al doblar esa punta, la vista del paisaje, la vegetación exuberante y la amplitud del río eran tan impactantes que los marinos comenzaron a referirse al sitio como la Vuelta Fermosa, que en castellano antiguo quiere decir hermosa
 
Era el asombro estético de los europeos ante la geografía del Gran Chaco y fue el primer nombre europeo impuesto a esa parte específica del territorio, mucho antes de que existieran asentamientos permanentes, aunque las poblaciones originarias (qom y pilagá), quienes ya habitaban la zona, tenían sus propios nombres para el río y la costa. El contacto simbólico europeo fue más bien con el paisaje que con la soberanía efectiva del suelo, que permaneció bajo control indígena por tres siglos más.

La mirada del Comandante


Cuando el Laudo Hayes obligó a Argentina a entregar Villa Occidental (hoy Villa Hayes, en Paraguay), Luis Jorge Fontana recibió la orden de buscar un sitio para trasladar la capital del Territorio del Gran Chaco y su elección para fundar la ciudad de Formosa (originalmente Villa Formosa) en el recodo del río Paraguay conocido como Vuelta Fermosa no fue casual. Fue una decisión estratégica basada en factores geográficos, militares y logísticos. No fue una elección por azar, sino por las ventajas que los antiguos navegantes ya habían notado.
 
Las barrancas de la Vuelta Fermosa, conocidas como El Altillo habrían presentado un aspecto parecido al de esta foto.
 
A diferencia de otros puntos de la ribera que eran bajos y propensos a inundaciones constantes, la Vuelta Fermosa presentaba una barranca alta que era conocida como El Altillo y ofrecía beneficios inmediatos:
  • Protección contra las crecidas: el paredón natural era vital en una región de humedales y zonas anegadizas; y permitía el asentamiento de construcciones sin el riesgo inminente de quedar bajo el agua. 
  • Defensa natural: la altura facilitaba la vigilancia del río y del territorio circundante, una prioridad para un asentamiento que debía consolidar la soberanía argentina en la zona y custodiar las frontera tras la Guerra de la Triple Alianza. Al ser un recodo pronunciado, permitía una visión clara del tráfico fluvial, fundamental para un fortín militar. 
  • El puerto natural: la profundidad del río en esa curva permitía que barcos de gran calado pudieran atracar con facilidad, algo que Fontana comprobó con el vapor Resguardo.  
  • Punto de escala: Se ubicaba en una posición intermedia clave entre Corrientes y Asunción, lo que convertía al sitio en una parada estratégica para el comercio fluvial.
Fontana buscaba un lugar que pudiera sostener la vida de los colonos a largo plazo. En sus exploraciones previas en el vapor El Resguardo, notó que esta zona contaba con vegetación y madera y las tierras eran aptas para la agricultura y el desarrollo de la futura planta urbana.
 
Al desembarcar, Fontana quedó convencido de que la Vuelta Fermosa era el lugar ideal para “refundar” la presencia institucional argentina en la margen derecha del río Paraguay, combinando la belleza del paisaje con la funcionalidad de un puerto seguro.
 
Fontana respetó el nombre histórico. En sus diarios y en el acta de fundación, no intentó bautizar el lugar con un nombre nuevo o el de un prócer (como era común), sino que oficializó el nombre que los navegantes del siglo XVI habían dejado en las cartas náuticas: Fermosa. Esto le dio a la nueva ciudad una sensación de continuidad histórica, como si el destino del lugar ya hubiera sido marcado desde la colonia.
 
La Vuelta Fermosa del siglo XVI fue un descubrimiento estético y cartográfico; la Formosa de 1879 fue la materialización política de ese descubrimiento. Fontana simplemente confirmó lo que los navegantes españoles habían visto 340 años antes: que ese era el mejor lugar de la región para establecerse.

Pocos lugares en Argentina conservan un nombre que date de la época de la conquista de manera tan directa y descriptiva, lo que le otorga a la Vuelta Formosa una carga simbólica de continuidad histórica de casi 500 años.
 
Lo que comenzó como una simple descripción de navegantes (una vuelta hermosa del río) terminó definiendo el nombre de una Villa —luego capital provincial—, de un territorio nacional y finalmente de la provincia.

12 abril 2026

FONTANA Y EL DRAGÓN BAJO UNA LLUVIA DE TULIPANES

Por Dany Gómez

Fontana es un formidable constructor de soberanía. La cordillera de Los Andes y el Chaco Central son testigos de su acompañamiento a pioneros con empuje. Estará por siempre en nuestra memoria. 

 
El fundador de nuestra ciudad, Luis Jorge Fontana, fue un constructor de soberanía nacional arriesgando su propia vida. Pocos formoseños saben que fue gobernador de Chubut desde 1884, por lo que no tenemos la más mínima idea de la gesta de los Rifleros del Chubut, una expedición de 28 hombres, en su mayoría galeses, bajo el mando del mismísimo gobernador Fontana. Recorrieron 500 kilómetros hacia el Oeste de esa provincia y encontraron un valle al que llamaron 16 de Octubre. Ahí nació la ciudad de Trevelin. Esto pasó luego de la expulsión y matanza de pueblos originarios de la región a manos del santo patrono de los genocidas argentinos: Julio A. Roca. 

El busto de Luis Jorge Fontana bajo
una lluvia de pétalos de tulipán.
El monumento está emplazado
en la plaza que lleva su nombre
en la ciudad de Trevelin.
 
El valle 16 de Octubre fue el lugar elegido para la fundación —el 25 de noviembre de 1885— de la colonia galesa de Trevelin, que significa Ciudad Molino. Así llamada porque su diseño urbano, visto desde el aire, es semejante a las aspas de un molino.

Los Rifleros del Chubut. 7 argentinos,
2 alemanes, 1 estadounidense y 19 galeses liderados por el gobernador Luis Jorge Fontana
se adentraron con ganas en la Patagonia.
Recorrieron unos 500 kilómetros hacia el Oeste
de la provincia y llegaron a un valle
al que llamaron 16 de Octubre.
Ahí se fundó la ciudad de Trevelin.

Los galeses celebran a este médico, científico, naturalista, explorador, escritor y gobernante… y militar. La plaza principal de Trevelin lleva el nombre del Fontana donde, además, está el busto. Es el corazón de la ciudad. Es un octógono desde la que nacen ocho avenidas. Una de ellas es la avenida Fontana. Al Sur de la provincia hay un lago con su nombre.

Trevelin. La plaza Coronel
Fontana domina el plano.
 
Lago Fontana.
 
En Trevelin circula la leyenda del Dragón Rojo, protector de la cordillera, que habita en la montañas cercanas. Este dragón es un símbolo galés; está en la bandera y escudos de Gales y en la bandera de Trevelin. En la plaza Fontana hay un enorme dragón de 4,5 metros de largo por 3,5 metros de alto. En determinados horarios lanza gruesas llamaradas de 1,5 metros de largo. Está emplazado en el techo frontal del edificio de la Secretaría de Turismo. Es una obra imponente construida por un escultor. En la plaza se izan las banderas Mapuche-Tehuelche, de Chubut y de Trevelin. 
 
 

En Trevelin se producen tulipanes y se exportan a Países Bajos. Los bulbos son neerlandeses, pero los tulipanes son cultivados en Argentina, por argentinos, y vendidos a los amos y señores de la excelencia mundial en tulipanes. A principios de noviembre se hace la Fiesta del Tulipán. El lugar es la plaza Fontana. Es un evento turístico y cultural. La cultura galesa, el Campo de Tulipanes y el Parque Nacional Los Alerces le valieron el reconocimiento de La ONU (OMT) como uno de los 20 mejores pueblos por su desarrollo turístico. Es, además, la Capital Nacional del Vuelo de Montaña y tiene un cuerpo de bomberos de excelencia, destacados en los controversiales fuegos patagónicos recientes.
 
Campo de tulipanes en Trevelin. Hay 4 millones de flores de 42 variedades distribuidas en 4 hectáreas.

El episodio esperado en la Fiesta del Tulipán es la lluvia de tulipanes. Juan Carlos Ledesma, productor de estas flores, carga unos 100 kilos de pétalos de tulipán en un avión y hace pasadas volando bajo sobre la plaza para soltarlos. Una lluvia multicolor de flores para la gente y caricias al busto de Fontana. Tremendo fiestón se mandan.
 

#8A - 147 AÑOS: ALTA PRESENCIA PEGAMOS LOS FORMOSEÑOS EN 1879

Por Dany Gómez

La semblanza de Luis Jorge Fontana que reparten en la escuela se queda corta. En nuestra ciudad hay festejos de cumpleaños. El pueblo despliega sus ofrendas de arte, cultura o historia en actos de reconocimiento de lo que nació el 8 de abril de 1879 y su evolución. Pero los homenajes a los próceres, en muchos casos, están manchados por nuestra falta de convicción.
 
Selva del Chaco (Clerice). Lámina 5 del libro El Gran Chaco (Luis Jorge Fontana, Buenos Aires, 1881).
 
El vapor aviso El Resguardo soltó anclas y activó amarras para el desembarco de constructores de civilización en esta naturaleza al acecho. El Mayor Luis Jorge Fontana era el comandante del éxodo de los desalojados de Villa Occidental. Fueron los primeros pobladores de Formosa.
 
Temporal en la ciudad (Dany Gómez). Vista desde la playita de Alberdi.
 
Montes, palmares y espartillares interrumpidos por zanjones, riachos, esteros interminables, lagunas, pantanos, más las temporadas de inundaciones y sequías eran el lienzo de una naturaleza tan bella como asesina. Calorazos espantosos, heladas y lluvias sin fin, era el aporte del cielo al habitat de una fauna depredadora, venenosa, hambrienta. El monte, los pastizales y camalotales tenían ojos. No sabemos y no podemos siquiera imaginar lo que superaron estos primeros habitantes y no sé si podemos aproximarnos a la comprensión de sus motivaciones para quedarse por acá. El Jurassic Park que vende Hollywood es menos peligroso que Formosa en 1879. La muerte era el cazador.

El cumpleaños N.º 1 de Formosa sacó a los pobladores de sus ranchos. Pero no fue para festejar. Ese día de 1880 hubo un fiero piquete de protesta. Los pocos pobladores estaban padeciendo hambre, enfermedades y otros tormentos. La desesperación los tenía dominados. Intentaron asaltar la comisaría y tener así algo de alimento. Todo mal.

El éxodo de Villa Occidental hacia estas barrancas fue aceitado por las promesas de ayuda del Gobierno para desarrollar la agricultura, la ganadería y lo que podía producirse en estas tierras. Pero los habitantes fueron abandonados por el gobierno nacional. Pasaron cuatro meses caóticos hasta que el presidente Nicolás Avellaneda mandó a distribuir víveres.
 
Busto de Luis Jorge Fontana, emplazado en la Plaza de Armas de la Prefectura Naval.
 
Frente a eso hay algunos destinatarios de ofrendas impuestas que jamás van a compartir el podio bien merecido por Fontana y los Valientes. Lamentablemente el tiempo y esos raros caprichos del destino y la historia lograron instalar en nuestra memoria nombres que persisten pero que valen menos que la sombra de cualquier pionero que sufrió lo indecible en un refugio llamado Formosa.

Olvidamos fácilmente a quienes se jugaron con alma y sangre para intentar vivir con proyectos en este intenso paisaje. Muchos murieron atropellados por la naturaleza. Deberíamos darles más lugar a quienes nos precedieron. Uno para recordar con una fiesta es Luis Jorge. Y, por supuesto, tiene su monumento en la ciudad de Formosa.
 

El busto del fundador está emplazado en la reducida plaza de armas de la Prefectura local que, además, es una playa de estacionamiento. No es muy accesible para el visitante. Quienes hayan gestionado eso tendrán sus buenas razones históricas o culturales. Está de espaldas a la ciudad con la cabeza hacia el nor-noreste. Luis Jorge puso el lomo y desembarcó de El Resguardo, subió la barranca conocida como El Altillo, miró hacia el horizonte de este algo regado por la vuelta Fermosa y firmó la partida de nacimiento de nuestra Patria Chica en este abracadabrante lugar. La ciudad de Formosa hoy no es un pueblo o aldea; es una ciudad de más de 270 mil habitantes y capital estratégica de una provincia argentina.
 
Plaza de armas de la Prefectura (Google Earth). Es un rectángulo de 10 metros de ancho por 40 metros de largo. El monumento es un cuadrado de 4 metros de lado y está a menos de 4 metros del límite frontal del playón. A la izquierda y a la derecha hay unos 2 metros hasta los límites del playón.
 
Un barrio que no fue céntrico en sus inicios lleva su nombre. También hay una calle de dos kilómetros. La plaza San Martín se llamaba 8 de Abril. Pero falta la intensidad que debe tener un homenaje a las personas y sus acciones que arrancaron todo esto. Lo que se dice y escribe, lo que se recita y se canta, debería llevarnos a la vuelta Fermosa en 1879. Debemos contar a los niños —como si nos contáramos a nosotros mismos— estas historias con sus episodios de extremo sacrificio humano. Con palabra sencillas, sin apologías ni falsificaciones.
 
Plaza de armas de la Prefectura Naval con el monumento a Fontana.
 
No nos hagan escribir o memorizar poemas que no pasan de ser un laberinto descriptivo y redundante de recuerdos falsificados, creyendo que son metáforas. Esas líneas de texto son una colección de adjetivos y rimas forzadas ingenuas y escolares. Y no faltan aquellos que derrochan loas a los montes con robles y manzanos; con gacelas y jilgueros en concierto con el viento Zonda dando la bienvenida a los primeros pobladores con un despliegue de canto coral de la naturaleza. A eso agregale los delfines que guiaron al barco El Resguardo hasta la Vuelta Fermosa. Estos delirios formobicheños sorprenden cada vez menos.

¿Identidad, identitario, identificación? El paso del tiempo agiganta la confusión y el olvido alimenta la ignorancia. Nos da lo mismo Formosa, Fermosa, Fermoza e incluso Formoza. Y las intenciones poéticas en honor al fundador desaparecen antes del arranque porque no sabemos si dedicarlas a Jorge Luis, Luis Jorge o José Luis Fontana. Y aunque los papeles dicen que todo arrancó el 8 de abril, el propio comandante dijo que fue el 28 de marzo. Mejor no escribamos nada. Dejemos una ofrenda floral en la estatua del fundador. Entonces hacia allá vamos a cantar nuestra letanía identitaria frente al monumento de Fontana, ese que muchos creen que es la estatua que está en la explanada del Puerto, que no es otro que el homenaje a los europeos Caboto, Ayolas o Irala, que pasaron por acá más de 300 años antes de la fundación de Formosa. Uno de ellos bautizó a esta curva-sifón del río como Vuelta Fermosa.

Fontana no es un simple militar que, repentinamente, quedó encandilado por la vuelta Fermosa. No es un cándido firmante del acta de fundación de un asentamiento en un lugar extravagante. Este tipo no es un llano obediente ejecutor de órdenes presidenciales. Es mucho más que eso… mucho más, en serio.

Formosa City hoy


Tenemos electricidad, agua corriente, internet, pavimento, asfalto, autovías, hospitales, escuelas… Pero nos molestan las moscas, los mosquitos, los jejenes. Una sola viudita tiene la perseverancia suficiente como para enloquecer al más baqueano. Las cucarachas no paran nunca. Sin previo aviso tres o cuatro hormigas nos pican los pies ¡Un hormiguero se formó de la nada! Avispas, abejas, arañas de todo tamaño y variedad están entre nosotros. Tu living, dormitorio o baño sin vigilancia tiene telarañas que ayer no estaban. Pequeños reptiles viviendo en tu casa pasean como si nada por las paredes y no faltan ratas. Seguramente son el lagarto Juancho, la iguana Juana y el ratón Pérez. Y si te metés a cualquiera de las aguas que nos rodean, hay posibilidades de que las pirañas te dejen un dedo pelado con hueso expuesto. Una serpiente podría estar escondida en tu patio y de vez en cuando aparece un yacaré en la costanera y en tu alcoba también.

¿Qué imagen tenemos de la vida de una familia austríaca en su rancho en Formosa en 1879?