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25 agosto 2026

MARCELA VILLÁN: ENSEÑAR INGLÉS PARA EDUCAR HACIA UN FUTURO SOSTENIBLE

Más allá del inglés: Integrando la sostenibilidad y la conciencia ambiental en nuestras aulas

 
Por Marcela Villán
Profesora de Inglés, formadora docente y conferencista

Soy profesora nacional en inglés desde hace más de 30 años (38 para ser más precisa) y, a lo largo de mi carrera, también me he desempeñado como coordinadora de Inglés en escuelas bilingües y formadora docente. Desde hace varios años, también soy conferencista internacional intentando hacer tomar conciencia sobre la importancia de llevar la sostenibilidad y la educación ambiental a las aulas de Inglés en todo tipo de instituciones educativas del país.
 

Al trabajar en colegios bilingües, donde las materias se dictan tanto en inglés como en español, comencé a enseñar Educación Ambiental (Environmental Management) como materia en inglés en el año 2006. Por supuesto, fue un gran desafío al comienzo dado que en el Profesorado no había tenido ninguna materia que me hablara del medio ambiente. Me auto eduqué en el tema y hasta cursé varias diplomaturas en educación ambiental. Luego me contacté con el programa de las Escuelas Globales de la Red para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas y a partir de ahi, el vuelco que le dí a mis clases fue espectacular. 

Así fue como la sostenibilidad y la educación ambiental comenzaron a ocupar un lugar cada vez más importante en mi trabajo. Creo que el aula puede ser un espacio muy poderoso para abordar problemáticas globales, desarrollar el pensamiento crítico y ayudar a los estudiantes a comprender que también pueden ser agentes de cambio.Siempre me interesó buscar maneras de hacer que el aprendizaje fuera más significativo y estuviera conectado con el mundo real.

La microcertificación del Instituto para la Educación Humana también me abrió muchas puertas, Gracias a esta microcertificación y su marco solucionador (Marco de la indagación a la acción), mis alumnos han comenzado a buscar soluciones a problemas globales de manera eficaz. Y gracias a estos proyectos, la escuela donde trabajo se ha convertido en escuela UNESCO, recibiendo dicha distinción hace 2 años atrás. 

Para mí, educar para la sostenibilidad no es solamente enseñar sobre problemas ambientales. La sostenibilidad implica también pensar en la economía y la sociedad. Esos serían los tres pilares fundamentales de la sostenibilidad. Y trabajar sobre ellos, es ayudar a los estudiantes a comprender conexiones, tomar decisiones responsables y desarrollar los conocimientos, valores y habilidades necesarios para contribuir a un futuro más sostenible, justo y equitativo.
 
Ese es mi compromiso con la educación hoy en dia. Y transmitir mis conocimientos en las capacitaciones que dicto es lo que me hace feliz al pensar en que más y más aulas trabajarán con el mismo fin. 
 
NOTA EDITORIAL. La enseñanza del inglés también puede convertirse en una puerta de entrada para trabajar problemáticas que atraviesan al mundo actual. Marcela Villán, profesora de Inglés, formadora docente y conferencista internacional, lleva años vinculando la enseñanza de la lengua con la sostenibilidad y la educación ambiental. Su recorrido profesional muestra cómo el aula puede transformarse en un espacio para pensar, cuestionar y actuar frente a los desafíos sociales, económicos y ambientales de nuestro tiempo. En primera persona, comparte cómo nació este compromiso y de qué manera fue creciendo a lo largo de su carrera. 

27 febrero 2024

LENGUAJE INCLUSIVO Y BLA BLA BLA

Por Dany Gómez

La normativa de la lengua y el habla de nuestro idioma la hace la Real Academia Española (RAE). Vela por la unidad de la lengua española; pero no por su uniformización. Para ello tiene varias instituciones: Diccionario Principal, Diccionario Panhispánico de Dudas, Observatorio de Palabras, Diccionario Provisional, Diccionario de Americanismos y más. Esta normativa no es impuesta verticalmente desde la institución para que todos seamos obedientes. Es exactamente al revés. El pueblo habla como quiere, no por antojadizo sino para comunicarse. Inventamos palabras, formas y gramática que evolucionan hasta que la RAE homologa, reglamenta o normaliza.
 
Tapa de un documento básico de la Academia. Obsérvese el uso de las tildes y la forma de los caracteres. En el colofón está el año de publicación: 1715.

Hay mucho para considerar sobre esto: cultura, tradiciones, idiosincrasia, regionalización y mucho más. Es complejo por una simpleza: se trata de la comunicación humana. Y la RAE está dando pasos hacia la legitimación del lenguaje inclusivo, aunque a muchos esto no les guste. Pero a quienes resisten les digo que, lamentablemente para ellos, nuestro idioma es viejo, sólido, riquísimo y en movimiento. Y está tan vivo que cada oleaje de evolución ahoga a los que no saben nadar o a los no saben nada.

No hay regla rígida para un idioma que cambia, muta, reproduce formas y palabras, multiplica significados y modifica significantes con bases en el parloteo incesante de 600 millones de hispanohablantes desparramados por el mundo; fogoneado por poetas, escritores, intelectuales, filólogos, lingüistas, periodistas y el pueblo. Imaginate. Solo un necio puede pretender la uniformización idiomática.

Hace 50 años no se hablaba igual que ahora. Por ejemplo, la palabra fermosa aparece en el diccionario principal de la RAE como en desuso y te manda a la palabra hermosa. Ya nadie la usa, excepto los formoseños, por así decirlo. Los monosílabos con tilde están siendo replanteados día a día: la palabra fue antes era fué. Hace muy poco tiempo se eliminó la tilde del adverbio solo aún siendo reemplazable por solamente y cuando no haya riesgo de ambigüedad con el adjetivo solo, caso contrario debe escribirse sólo. Miles de palabras de uso corriente fueron en su momento neologismos resistidos a los que el tiempo sepultó en el olvido como tales. Hay mucho en la evolución de un idioma que está vivito y coleando. Ni siquiera la forma de los caracteres y fonética son rígidos. Todo cambia, aunque no nos guste por nuestro entendimiento traidor.

Y así es como el tiempo hace que nuestro idioma siga siendo nuestro. Insisto: hablamos como queremos. Si cuaja, aparecerá la regla. Y para cuajar solo se necesita el bendito uso corriente. Entonces —a la larga o a la corta— aparecerán las reglas, los significados, la gramática. No puede imponerse una forma de hablar; esto es fascismo. Y también es fascismo criticar y maldecir solamente por lo que es inentendiblemente nuevo. Reconozco que me cuesta expresarme inclusivamente pero estoy contento de comunicarme en una lengua viva y, por ende, con diversidad. Y me siento casi feliz por estar presenciando el origen de una nueva forma en nuestro idioma: el lenguaje inclusivo.

Hay activismo serio en esto. No es un asunto llevado adelante por tilingxs que no saben de qué se trata o por “ocurrencias huecas e ideológicas de odio al patriarcado”, como califican detractores aterrorizados por la evolución. Hay gente formada e informada impulsando y usando el lenguaje inclusivo. Lingüistas, filólogos, filósofos, poetas, periodistas, sociólogos, antropólogos, escritores, miembros de academias y hablantes comunes asumieron que el español es sexista y pusieron alma, mente y espíritu a la obra con rumbo serio. El lenguaje inclusivo no resignifica palabritas sueltas por capricho. Podemos ver que la acción del uso específico o ampliado de unas simples letras, glifos y caracteres están conquistando enormes territorios del universo humano y la igualdad de género: la x, la e y la @. El próximo paso es definir la fonética de la x y del signo @ para consolidar su uso en beneficio del poderoso idioma español. La letra c está para ayudarnos: tiene dos sonidos muy diferentes. Por ejemplo: las palabras acera y casa exponen la doble fonética de la tercera letra de nuestro alfabeto. Esto me resulta tan fantástico como divertido, a la vez que es un regocijo intelectual. ¡Viva el idioma español!

Nosotros seguimos hablando esta lengua que, en su momento, fue considerada un malsano dialecto de Castilla. Las prohibiciones no vienen de los académicos de la Real Academia, provienen de lingüistas con ansias de imposiciones culturales y configuran una marca de totalitarismo cultural ideológico con actitud de adoración al rígido Dios de la Lengua sentado en un impoluto trono en Talavera de la Reina. Y también hay resistencia de los intelectuales de bolsillo y otros conservadores oficiosos que invocan a Miguel de Cervantes Saavedra para que lidere el exterminio de malhablados. Lo que no saben es que el escritor es grande justamente por su amplitud hispanohablante con un ingrediente adicional: inventó palabras —y uso palabras populares— que hoy provocarían la maldición de los más enlatados y primitivos profesores de lengua. Un ejemplo de los neologismos cervantinos es baciyelmo. Hay sustancia suficiente para considerar que nos mantiene vivos un idioma vivo con cimiento para llegar a alturas mayores.

Palabrotas en la pampa

 
Vigüela, añuda, alquiridas, ande, dende, letrao y muchas más, son palabras con las que nos relacionamos desde la escuela primaria ¿Qué son estas impuras perversiones lingüísticas? Pues están en El gaucho Martín Fierro, de José Hernández; obra de alto rango en nuestra literatura. Y estas palabras de las pampas no aparecen en el diccionario de la lengua española. Sin embargo ¿no se entiende lo escrito por Hernández y puesto en boca de Fierro? ¿se le ocurre a alguien abolir estos versos por las barbaridades que aparecen escritas? No, al contrario. Nosotros decidimos que es parte de nuestra identidad cultural. ¿No hablamos, acaso con estas formas?: “No te via contá naa malo de esta obra” o “Se fue loo de joda al bañado La Estrella”. Pero cuando se trata de género la acusación y descalificación no se hace esperar: Somos unos miserables ideólogos anarcocomunistas perpetradores de retorcidos crímenes lingüísticos a los que deberían meternos en un psiquiátrico, cortarnos la lengua, extirparnos las cuerdas vocales, con lobotomía incluida. No sea cosa que sobrevivamos balbuceando en lenguaje inclusivo.