03 octubre 2026

GUAUCHOS PRESENTÓ LA ALBORADA, SU 3.ER ÁLBUM DE ESTUDIO

Hubo que esperar, pero la maduración del sonido no entiende de apuros. La banda formoseña Guauchos vuelve a marcar la agenda de la música independiente con el lanzamiento de su esperado tercer disco de estudio: La Alborada. Un material moldeado desde las entrañas del paisaje litoraleño y la distorsión del rock contemporáneo.
 
 
“Es un disco que construimos desde lo más profundo de nuestras raíces, abrazando tres pilares que hoy nos marcan a fuego: la pertenencia, la resistencia y el deseo”, afirman Fede Baldús, Juanma Ramírez, Juanmi Castellani, Matías Romero, Agustín Garay y Gastón Benítez.

Fieles a su modo de sentir la gestión cultural y el encuentro con su comunidad, Guauchos decidió que la primera escucha de La Alborada ocurra en el cara a cara. Antes de desembarcar en las plataformas digitales, el grupo eligió presentar las nuevas canciones en el escenario. El viaje arrancó en Palermo, Buenos Aires, en la noche del jueves 1 de octubre, en La Tangente. Una cita íntima donde presentaron el nuevo repertorio junto a las obras fundamentales que construyeron su identidad. El domingo 4 de octubre el ritual se mudará al escenario del Taragüí Rock en Corrientes, marcando el reencuentro de la banda con el público de la región.
 
El recorrido previo hacia La Alborada tuvo sus primeros chispazos con los adelantos Tanta Ilusión, Monedas por Amor y Para escapar de las penas, producciones que ya insinuaban la densidad melódica y poética de esta nueva etapa. Musicalmente, la banda sostiene y profundiza esa arquitectura tan propia que revolucionó la escena del Noreste argentino: la cadencia en 6x8 del folklore regional entrelazada con la electricidad del rock, pasajes de psicodelia, texturas sutiles y arreglos contemporáneos que dialogan entre la tradición y la vanguardia.
 
La Alborada ya no es una promesa guardada; es el amanecer de una nueva etapa que vuelve a poner en el centro lo indispensable: la pertenencia como territorio, la resistencia como postura y el deseo como motor inagotable.

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